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Contraluz

  • Paginas6
  • AutorThomas Pynchon
  • Valoración6

Sinopsis

El mineral transparente llamó espato de Islandia tiene la propiedad óptica curiosa de la refracción doble: duplica paralelamente la imagen del objeto que miradas a través de él. Si, de alguna altura, contempló el planeta por un plato de este espato, la realidad no distorsionaría , mas acceso para sospechar que la imagen duplicó no sería precisamente el aguardado.

En unos navíos de juego afines Thomas Pynchon en Contraluz en qué momento recreando un planeta en descomposición, el que va de la Exposición Universal de la ciudad de Chicago de mil ochocientos noventa y tres a los años de forma inmediata siguientes a la primera guerra mundial. Cientos De parcelas movimiento entrelazado al lector de los enfrentamientos laborales en las minas de Rojo a la N. York finisecular, para pasearlo después por sitios tan a brote le agrada Londres y Gotinga, Venecia y Viena, los Balcanes, Siberia a lo largo del accidente enigmático de Tunguska, el México revolucionario, el París de posguerra o bien el Hollywood de la era del cine mudo. Por este laberinto de palacios y burdeles, callejones perjudiciales y vacíos helados mueve una galería estridente de caracteres: ácratas, aeronautas, jugadores, matemáticos, cañitas parlantes, científicos locos, chamanes, videntes y magos, espías, detectives y pistoleros a salario, aquel codean con caracteres reales como Bela Lugosi o bien Groucho Marx. El hilo conductor de muchos de las historias es el extraños familiares Traverse: Webb Traverse, sindicalista minero, muere a manos del esbirros del magnate Scarsdale Vibe, y altera las vidas de sus 4 pequeños.

Corrosivo, enigmático y universal cuando siempre y en todo momento, mas más inteligible que jamás, Pynchon parodia todos y cada uno de los géneros literarios, en un festín narrativo exactamente en qué no falta en absoluto: conspiraciones, prácticas sexuales extrañas, cancioncillas, mapas secretos, venganzas, saltos en el tiempo y el espacio. Y pese al vértigo de este furioso discurrir al abismo, resulta un libro de forma extraña lumínico, aquello se aferra a el doloroso certeza de la cita que lo encabeza: «Siempre es por la noche, si no, no precisaría ligero».